jueves, 23 de abril de 2009
Papel a la deriva.
Mucho sabía ya aquel marinero sobre los peligros del mar. Había visto a los más abominables monstruos surgir de las espumeantes aguas, había soportado las más terribles tormentas, su barco había sido asediado por los más despiadados piratas y su mente ya conocía las más enrevesadas rutas para escapar de las adversidades. En apariencia nada podría haberle parecido ya aterrador, pero solo en apariencia, pues en aquel momento estaba aterrado. Su barco se zarandeaba por unos peligrosos mares formados de periódicos y voces sin rostro que anunciaban las más horrorosas noticias. Violaciones, secuestros y robos amenazaban con hundir su conciencia. El marinero intentaba escabullirse de las empapeladas olas, pero era inútil. Finalmente, su confianza y seguridad se desbordaron y el barco se hundió saturado por el miedo. Sin embargo, el marinero muerto se sintió feliz una vez hubo desaparecido, pues al fin había dejado de ser perseguido por su mente.
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