sábado, 25 de abril de 2009
Edificaciones urbanas acechan.
Las calles estaban repletas de seres herbívoros sin cerebro que iban cayendo en los pulidos agujeros sociales. Mientras, los edificios se reían de tan patético espectáculo a la vez que leían grandes y extensas obras filosóficas, sin duda las grandes construcciones inanimadas que allí habitaban eran sumamente inteligentes. Grandes bocanadas de humo emergían de sus cerebros, debían estar realizando un esfuerzo increíblemente grande por pensar. Los gigantes de piedra tenían consciencia de las desigualdades que existían en aquel mundo, pero no la tenían de si mismos. Aquellos seres se limitaban a mantener sus inexistentes bocas cerradas mientras veían con sus inexistentes ojos la gran masacre ovina que cada día se llevaba a cabo. Estos inquebrantables organismos eran productos de la fracción humana que poseian los asesinados animales, y por este motivo eran capaces de percatarse de la horripilante situación. Pero a su vez pertenecían también a la injusta interpretación que las alimañas tejedoras habían preparado, por lo que debían mantener sus no imaginadas piernas atadas al suelo. Las cosas no debían ser como eran, pero lo eran. Y al ser ellos cosas, eran como debían ser.
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