martes, 28 de abril de 2009

Obsesión contradictoria.

Recientemente asistí al suicidio social de uno de mis mejores amigos. Su cerebro quedó completamente obnubilado por lo que él consideraba su vida real. Decidió sustituir las mejores experiencias de su vida por una masa de pixels. Millones de personas habían caído antes que él, pero ese hecho no hizo que se cuestionase su forma de pensar. La obsesión por llevar una vida normal le hizo perderla y ahora no es más que un esclavo de su ordenador. Cuando el hombre creó la "caja tonta", jamás imaginó que aparecería un competidor de tal calibre. Aunque, tal y como están las cosas, quizás sea yo quien no esté viviendo una vida real. Porque en este mundo de desrealización, los seres aparentemente reales acabamos transformándonos en perfiles guardados en la memoria de un ordenador a ojos de los demás.

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