miércoles, 10 de junio de 2009

En el país de la ovejas.

Solitario, cohibido y apenas decidido se dirigía el misántropo control de historia hacia la pequeña charca que las nubes habían vomitado horas antes. El suicidio suponía para él poco más que un baño alargado en demasía. La motivación de sus movimientos se encontraba sobre sus retinas con forma ovalada, y la fuerza necesaria para llevar a cabo tal funesto acto era recibida por sus compañeras de llanura. Las ovejas nunca lo habían aceptado en la explanada, y ahora que quizás desapareciese para siempre no podían hacer otra cosa más que reafirmar su ominosa elección. Semejante en color pero dispar en forma, sus compañeras nunca reconocerían su naturaleza. El grupo ovino apenas sabía leer, pero lo poco que habían vislumbrado sobre el cuerpo del fallido examen había sido vergonzoso. Hitler cumplía los ochenta años caminando por las costas de Cádiz y Napoleón se convertía en el líder de los egipcios, reconocida tribu alienígena, tras pasar por el torso del control malogrado. El charco se preparaba, pronto un despropósito se desplomaría en su interior.